miércoles, 24 de diciembre de 2014

Aire

Acarició su espalda, fundidos en un abrazo largo, cálido. Luego, se separaron lentamente. Besó su frente. En un segundo recordó el primer abrazo, la primera caricia. El primer sentimiento de vacío en el universo, de única compañía.
Y la besó.
Cuando estuvo solo en su habitación, la vida fue nuevamente historias imaginarias, fuentes de la juventud, arco iris llenos de elfos, canciones interminables.
Y ahí la abandonó. Como la canción más perfecta, inolvidable.
El aire que siempre quiso respirar.

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